Desde
las entrañas
Pepegrillo
4/08/2025
Hace algunas mañanas una figura pública colombiana en un medio radial de amplia difusión hizo una referencia compleja: "destripar" a toda la izquierda.
No solo las palabras generan malestar, también la postura de aceptación de los profesionales que estaban a cargo de la mesa de trabajo. Personas ilustradas, opinadores, pertenecientes a familias que han participado en la planeación del Estado en diferentes gobiernos.
Comprendo las reacciones emocionales de todos los sectores políticos e ideológicos en la coyuntura actual.
El
juzgamiento de uno de los caudillos más populares y reconocidos ha incentivado
discursos de odio en cada una de las orillas y con ello se ha resquebrajado el
asunto de la actuación jurídica y las técnicas derivadas de los marcos
normativos colombianos.
Justicia.
que sea dicho de paso, se ha caracterizado por su alta impunidad y por ser
maleable ante los sujetos que denotan poder.
Escribir o no escribir ha sido un dilema en estos días, ¿qué puede aportar un ciudadano a esta circunstancia del destripamiento? Tal vez nada, cada uno seguirá con sus preocupaciones y cargas de creencias.
En fin, me dio por recordar que en diversas universidades públicas y privadas en las que alguna vez serví cátedra siempre dejé claras mis convicciones.
Todas ellas afines a aquel conjunto de ideas que se han denominado "izquierda", me gané apelativos de guerrillero. En algunos casos, pocos realmente, una manera de estigma o desprecio, en otros a manera de broma como aquella compañera durante la maestría en ciencias políticas que me decía "mi guerrillerito hermoso".
Sin
embargo, la mayoría de las personas me reconocen como un hombre moderado cuyas
convicciones en política siempre han buscado conocer, analizar y comprender
situaciones del orden nacional y sus contextos específicos.
No he sido militante o seguidor de embrujos autoritarios o neopopulistas, en consecuencia, ciudadano libre y soberano en mi opinión y acción. Jamás lacayo de pseudo caudillos.
Mi pensamiento y conversación de "soñar lo imposible porque otro mundo es posible" no me descalifica o me lleva a un nivel superior de moralidad.
Recuerdo en las "jaulas" de clase encontrar diversidad de planteamientos cuyo apasionamiento me obligaba a documentarme más y más para tener conversaciones amplias y apasionadas, siempre al final un tinto mediaba las diferencias, convencidos que la palabra respetuosa era la clave.
A pesar de las distancias todos absolutamente todos coincidíamos en el respeto a la vida como forma simple y básica para el mejor estar de nuestras relaciones.
Mi rechazo a la confrontación armada, los aprendizajes derivados de los movimientos sociales en los que he participado, así como, los amigos de diferentes tendencias fortalecen aquello en lo que creo y ha delineado asuntos que rechazo sin ambages.
Destripar me llevó a recordar varios textos: matar, rematar y contramatar; antropología de inhumanidad; la sombra de orión; las travesías y las descripciones en el informe de la comisión de la verdad que narran las múltiples y finas técnicas de matarnos a largo de los últimos 60 años en los que poco más de 800 mil personas han sido asesinadas por causa de sus ideas políticas o solo sospecha.
Textos que además revelan como en cerca de 4210 masacres se "destripó" sin pudor, solo mencionar El Salado, Chengue...estremece.
Nuestra sociedad se habitúo a asesinar y causar dolor para eliminar todo aquello que sea contrario, que no encaje en el modelo hegemónico del momento e incluso la sospecha de serlo
Causa la invitación de esta persona de la vida pública no solo miedo, sino también impotencia, vergüenza y rabia.
No alcanzo a imaginar la irracionalidad de un humano que destripa a otro humano inspirado por quien desde su lugar de privilegio enciende hogueras cual si fuera un moderno Nerón.
El mayor acto humano es quererse desde las entrañas, pero ¿cómo hacerlo destripándonos unos a otros, en múltiples formas y tiempos?
Destripar o no destripar he ahí el dilema….